El ERE

14 de marzo.

A la atención de quien pueda leerme: YO LO SABÍA.

16 de marzo.

Mucho antes de que sucediera, yo lo sabía. Y por supuesto, mucho antes de que salieran los anuncios para los nuevos puestos de trabajo. Hicieron lo que tenían que hacer desde el Ministerio de Recursos Humanos: pensaron en la empresa. Después está el resto, los empleados. Lo primero es lo primero. Después el capital humano no es tan humano. Sí, sí, todos somos grandes compañeros, hasta que lo que está en juego es el puesto de trabajo. Ahí pasamos de ser compañeros a convertirnos en adversarios.

17 de marzo.

Esta mañana me ha despertado el sonido de una muerte. Me ha sacado de golpe de un sueño extremadamente profundo, un sueño inusual, turbio, desenfocado. Con la planta del pie derecho he descubierto que los cristales de las ventanas estaban repartidos por el suelo en millones de añicos. Y con la planta del pie izquierdo, que no ando lo suficientemente bien de reflejos como para no seguir a mi pie derecho.

Fuera lucía un sol radiante, pero la ciudad estaba apagada. Las ventanas agitaban nerviosas sus cortinas, como queriendo pedir auxilio. Como fantasmas de una civilización que tratan de decirnos algo.

Entre las tablas caídas de la persiana pude ver abajo a las palomas. No queda apenas nadie, solo ellas. Parecían buscar explicaciones en sus compañeras, pero nadie se las daba. Hace años que me fijo en cómo actúan las palomas. Las de esta mañana se agolpaban en la terraza abandonada del gastrobar para guiris que hay frente a la casa en la que estoy, que no es la mía, pero que, si no les parece mal, prefiero continuar este relato sin revelar su ubicación exacta.

17 de marzo, a la tarde.

Me llamo Roberto Mateos, por cierto. Y soy licenciado en psicología, con un postgrado en Recursos Humanos y un MBA en People Management. A eso me dediqué durante más de veinte años, hasta que llegó la Gran Fusión. Estoy altamente cualificado y les juro que lo sabía.

17 de marzo, a la noche.

Lo sabía. Pueden chequearlo en los mails que intercambié con mi compañero de departamento. Rastréenlo. Sé que pueden hacerlo. Se lo envié a su dirección personal: javierandrés90@gmail.com. Yo le avisé que sucedería. Todo hacía indicar que el final estaba próximo. Entiendo las cifras, los balances, los costes fijos… y las cuentas no salían. Busquen la cadena de mails con el asunto:

«Javier Andrés, escúchame, el mundo va a hacer un ERE!»

20 de marzo

Poco a poco voy quedándome sin los víveres que pude acopiar. Desde la ventana, anoche, vi cómo un tipo desaliñado entraba al entresuelo del edificio de enfrente. Parecía deshabitado. Supongo que todo el mundo trata de hacer parecer que sus casas están vacías. Se oyeron gritos de hombres, mujeres y niños. De allí no salió nadie. Quedaron todos, vivos y muertos, deshabitando la casa en silencio.

A lo largo del día la calle se va llenando de gritos, disparos, rumores lejanos de enfrentamientos, coches empotrados en edificios o en personas. Los robots de limpieza pasan cada mañana y tratan de hacer borrón y cuenta nueva. Pero les resulta difícil.

Éramos muchos. Catorce mil millones de habitantes. La empresa no era rentable. Yo lo sabía. Desde aquel día en que la Nueva Tecnología fue ocupando la mayoría del tejido laboral y nos aseguraron una pensión vitalicia. Ahí lo supe. He estado en compañías en las cuales había demasiada gente en nómina, cobrando sueldo, aportando nada y consumiendo recursos que poco a poco se iban agotando. Y cuando eso sucedía, o se despedía gente, o bien la empresa terminaba quebrando.

P.D. La empresa nunca terminaba quebrando.

25 de marzo

El contexto actual ha desvirtuado las relaciones personales. Les ruego no hagan caso de los mensajes privados que está compartiendo mi ex en redes sociales. Se trata de frases manipuladas y sacadas de contexto con el único fin de socavar mi imagen y eliminarme como posible candidato.

26 de marzo

Las palomas siguen ahí, en la terraza. No se mueven. El gastrobar ya no abre, pero ellas siguen ahí. Esperando poder atacar las sobras de unos huevos rotos o un pan con tomate. Nadie se fija en las palomas. Yo llevo años haciéndolo. Un estudio de la Universidad de Lyon dijo que la convivencia continuada con el ser humano había hecho que el tamaño de su hipocampo se viera reducido a la mitad. Se volvieron estúpidas. Dejaron de tener que buscar alimento, sencillamente lo cogían de las papeleras, de las mesas de las terrazas. Jamás protestaron, les pareció bien llenar la barriga a cambio del hipocampo. Igual que a nosotros cuando llegó la Nueva Tecnología.

Ahora hay pensión vitalicia, ya no hay hipocampo.

P.D. Sepan diferenciar quiénes hemos logrado conservarlo.

30 de marzo

Yo no pretendía, les juro. No soy así. Era él o yo. Javier Andrés fue siempre un gran amigo y compañero. Pero ya les dije, en el trabajo todos somos compañeros, hasta que de repente somos adversarios.

Apareció en mi salón, de la nada. Dijo que venía de visita, que quería saber sencillamente si estaba bien, pero yo nunca le había comentado que estaba en casa de mis padres. Venía a quitarme de en medio, el trabajo saca lo peor de las personas. Sabía que puedo ser útil, que quizá tenía más posibilidades que él. Él lo sabía y yo sabía que lo sabía, así que me abalancé sobre él y le hundí los ojos hasta que sus globos oculares eclosionaron, como las huevas naranjas que a veces ponen en el sushi. Después le oprimí la tráquea. Lo hice así porque era lo mejor que podía hacer. Para mí, y para él. Sabía que esa maniobra sería efectiva para mí e indolora para él. Eficiencia y efectividad son dos de los puntos cardinales que guían mis acciones en la vida. Ténganlo en cuenta ustedes a la hora de tomar su decisión.

3 de abril

Esas fotografías de carácter sexual que ha compartido mi antigua pareja, sé que no es lo que se espera de mí. Se trata de un comportamiento consentido por ambas partes, llevado a cabo en el ámbito de la intimidad. No soy una persona violenta. Me comprometo a hacer que las elimine antes de que puedan tomar su decisión y publicar a los seleccionados en el BOE.

7 de abril

Hoy he bajado a buscar agua. Tenía fe en que la fuentecita oculta del parque de San Telmo siguiera activa. Pero no. He vuelto ocultándome en las sombras. Me encontré un abundante charco de sangre. Bebí de él lamiendo el suelo y aquello no solo logró calmarme la sed, sino también el hambre. No sé cuánta gente queda en la ciudad. O en el país, hace tan solo dos años éramos más de 80 millones de ciudadanos en Amazon. Calculo que deberíamos quedarnos en unos doscientos mil. Ojalá pronto volvamos a ser rentables.

10 de abril

Mi ex pareja ya no volverá a publicar nada ni a causar ningún tipo de problema. Eficiencia y efectividad, recuerden.

P.D. Si todo esto no fuera suficiente, adjunto foto reciente y cv actualizado en formato .pdf. Por favor, contéstenme a la mayor brevedad posible, ya sea para bien o para mal. Muchas gracias.

 


Autor:
Nacho Hernández Pérez
Madrid, 1979.

Director creativo. Abulense. Vive en Barcelona desde 2020.

IG: @nacor